La anécdota más famosa en la vida del fotógrafo Agustí Centelles (Valencia 1909 − Barcelona 1985) es, sin lugar a dudas, la maleta que se llevó al exilio con la mayoría de su producción como fotoperiodista. Efectivamente, el 20 de enero de 1939 Centelles clasifica y empaqueta su archivo de fotos y negativos de paso universal.
Mobilizado como soldado y responsable del gabinete fotográfico del SIM (Servicio de Investigación Militar),
Centelles debe abandonar Barcelona cuatro días más tarde, ante el avance imparable de las tropas franquistas, con el resto de su equipo para instalarse en Figueres y volver a montar el gabinete.
Empezaba así el periplo de aquella maleta, objeto-símbolo de miles de experiencias de exilio, que sobreviviría al paso de la frontera francesa, a la detención en los campos de Argelers y Bram, y al escondite durante décadas en Carcasona hasta la muerte de Franco, cuando el fotógrafo vuelve a la capital del Aude para recuperar su material, entonces guardado en una caja de madera.
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