El dia 30 de octubre de 1936 el pueblo de Getafe y la ciudad de Madrid sufrieron un terrible bombardeo efectuado por aparatos Junker. Modelo Ju52, de la aviación alemana durante el intento de tomar dicha ciudad. Las bombas cayeron en pleno centro urbano provocando numerosas bajas civiles, entre las que se contaban muchos niños. Se llevaron los cadáveres al Depósito Judicial de Madrid, donde se les colocó una etiqueta numerada para facilitar su identificación. Allí mismo y al día siguiente se fotografiaron los rostros de cada una de las víctimas infantiles con la intención de que cada uno de ellos fuera considerado la evidencia de un asesinato.
La prensa republicana relató con pocas palabras y con ninguna imagen este bautismo de sangre, seguramente se ocultó la atrocidad a la población civil para no desmoralizarla y mantener el espíritu de victoria. Sin embargo, la prensa extranjera ofreció una amplia cobertura del criminal atentado, ya que fué el primero de esta magnitud que ocurría en Europa, y el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya tuvo un papel destacado en la propagación de las imágenes. Su director, Jaume Miravitlles, lo explicó a la prensa unos meses más tarde:
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