
El legado de Agustí Centelles estuvo escondido durante 32 años en Carcasona. Foto bajo licencia Creative Commons del artículo sobre Carcasona de Wikipedia.
La anécdota más famosa en la vida del fotógrafo Agustí Centelles (Valencia 1909 − Barcelona 1985) es, sin lugar a dudas, la maleta que se llevó al exilio con la mayoría de su producción como fotoperiodista. Efectivamente, el 20 de enero de 1939 Centelles clasifica y empaqueta su archivo de fotos y negativos de paso universal.
Mobilizado como soldado y responsable del gabinete fotográfico del SIM (Servicio de Investigación Militar), Centelles debe abandonar Barcelona cuatro días más tarde, ante el avance imparable de las tropas franquistas, con el resto de su equipo para instalarse en Figueres y volver a montar el gabinete.
Empezaba así el periplo de aquella maleta, objeto-símbolo de miles de experiencias de exilio, que sobreviviría al paso de la frontera francesa, a la detención en los campos de Argelers y Bram, y al escondite durante décadas en Carcasona hasta la muerte de Franco, cuando el fotógrafo vuelve a la capital del Aude para recuperar su material, entonces guardado en una caja de madera.
El azar, la tenacidad de su autor y la camaradería de las personas que le ayudaron en diversas ocasiones son la mágica mezcla que tiene como resultado que a día de hoy todavía se conserve este legado, que contiene las fotografías de su época como fotoperiodista durante la República y la Guerra Civil, además de las fotografías que realizó durante su detención en el campo francés de Bram. Un total de más de 12.000 imágenes de paso universal.
Cuando el 5 de febrero de 1939 Centelles recibe la orden de evacuar hacia Francia junto al personal del gabinete, son sus compañeros Salvador y Ferran Pujol los que se encargan de trasladar hasta la estación la maleta con los negativos. A partir del día 8, el grupo será detenido en el campo de concentración de Argelers. El historiador Eduard Pons y Prades [1] considera que fue el momento en que el archivo estuvo en peligro: “ya tenemos allí metido a Centelles, con sus bártulos personales reducidos al máximo, y sin soltar la maleta ni de día ni de noche. Con tal población –variopinta a ultranza–, por lo menos al principio, y aprovechándose del desorden reinante, menudearon los robos, las peleas, las riñas con arma blanca –y a veces con armas cortas de fuego– y hubo heridos y muertos. Por tanto, no es difícil imaginar la curiosidad que tuvo que despertar, en los cacos de turno, aquel hombre –Centelles– que no se separaba ni un instante de aquella maleta de ricachón.
Otros elementos de cuidado, en lo de apropiarse del bien ajeno, eran los gendarmes franceses. Pero, con la ayuda de un grupo de amigos, Centelles consiguió salvar su maleta –y su precioso contenido– en las primeras semanas de internamiento, que fueron las más críticas”.
El día 1 de marzo Centelles y sus compañeros son trasladados al campo de Bram, donde estará detenido hasta el 13 de septiembre. Durante el cacheo obligatorio de recibimiento, un documento le salva el material, que no será requisado. Centelles explica en su diario [2]: “El gendarme me pregunta qué son tantas máquinas fotográficas. Le enseño el carnet profesional de la FIJ [Fedération International de Journalistes] y me responde pardon, monsieur. Ya no mira detenidamente la maleta con el archivo de negativos ni la cartera grande”.

Leica IIIa de 1935, con una óptica Summar 50/2, parecida a la cámara que utilizó Agustí Centelles en la Guerra Civil. Fotografía de Flickr, del usuario Coleccionando Cámaras.
Durante los meses de detención en el denominado “campo modelo” por las autoridades francesas, el fotógrafo desarrolló su tarea desde diferentes géneros, además de continuar cuidando su archivo, al que añadirá las cerca de 600 imágenes obtenidas en Bram.
Cuando se instala en Carcasona a partir de septiembre del 1939, Centelles continua guardando su archivo. El 1942 entra a formar parte del Grupo de Trabajadores Extranjeros 422 (GTE 422), donde traba amistad con Eduard Pons i Prades. El testimonio del historiador [3] nos pemite conocer cómo se guardó y se transformó la famosa maleta cuando Centelles vuelve a Barcelona durante la primavera de 1944: “antes de marcharse dejó el archivo empaquetado en Francia, no en una maleta sinó en una caja de madera de aquellas de leche condensada y dentro los negativos envueltos en papel perfectamente dispuestos.”
El 5 de mayo la Gestapo hizo varias detenciones entre los miembros del GTE. El archivo corría peligro. Entonces Pons, junto con su amigo Antonio Arderiu Ros, trasladaron en una moto con remolque la caja hasta Roullains, donde la dejaron en casa de unos campesinos que eran emigrantes españoles. Tras la liberación de Carcasona en septiembre, volvieron a recoger la caja para dejarla en la casa de la familia Dejeihl, donde Centelles se había alojado.
Durante 32 años los negativos de Centelles estuvieron guardados en la buhardilla del número 4 de la calle Orliac de Carcasona, propiedad de la familia Dejeihl, donde el fotógrafo vivió durante un tiempo. En 1962 Centelles viajará a la capital del Aude con su familia, pero todavía no era el momento para volver con el archivo ni mencionar nada sobre el tema. Su hijo Sergi Centelles [4] explica que no dijo nada: “el pretexto era ver la gente con la que había estado. Fuimos a la casa, nos dejó hablando con ellos y él entró. Al cabo de un rato salió y dijo que no había encontrado nada. En realidad lo que hizo fue comprobar que todo estaba bien, eso lo deduzco yo, porque él nunca fue proclive a contar nada”.
Centelles lo narra en una entrevista televisiva del 1979 [5]:
“Cuando salí del campo fui a parar a casa de unos franceses, quizás los mejores de Francia, que me querían y me quieren mucho y allí les deposité la maleta y les dije que un día volvería pero que la maleta nada más que era recuperable por mí. Nadie, nadie más que yo. Que ya volvería. Al cabo de quince años volví con mi esposa. La maleta estaba bien. Entonces la convertí en un cajón y lo puse todo en orden. Vaya, ya estaba en orden. Lo dejé allí. Como la encontré es como la dejé.”
Tanto si el cambio de la maleta a la caja se produjo durante los años 40, según Pons, como si lo hizo el propio Centelles en los 60, el caso es que en 1976 los dos camaradas vuelven a Carcasona para recuperar el archivo y llevarlo a Barcelona. El contenido está en perfecto estado, aunque todavía faltaba alguna aventura para llegar a su destino. Centelles lo explica en la misma entrevista:
“cuando me vine para aquí con todo ese archivo tuve miedo de que pudieran molestarme porque claro, era un montón de negativos, que estaba multiplicado por más, porque tuve que sacar, precisamente para que no hiciese tanto bulto, todos los sobres donde iban, que armé una luego! Que cuando paramos en la frontera y vino un carabinero, íbamos en un autocar y preguntó: ¿qué llevan ustedes de pago? Y todo el mundo se callaba. Pero uno de detrás dijo, llevo dos quilos de café. Pues mire que le aproveche, contestó y se bajó. Entonces sí que me pinchan y no me sacan sangre a mí ¡Todo lo que he llegado a desbaratar ahora para esto! Pero bueno, se ha arreglado. Lo he vuelto a poner en orden”.
A partir de entonces, Centelles se dedica a positivar, clasificar y ordenar todo el material fotográfico de su etapa como fotoperiodista gracias a su buena memoria y a la ayuda de su amigo Pons y Prades, con el que quedaban los domingos en casa del fotógrafo.
[1] Eduard Pons i Prades, Agustí Centelles: Els catalans a la república i la guerra. Ed. Blume. Barcelona, 1979. Pàg. 12
Aquesta exposició i el seu catàleg han estat possibles gràcies al suport del National Endowment for the Arts, Joseph and Joan Cullman Foundation for the Arts, Frank i Mary Ann Arisman i Christian Keesee. A més, li han donat el seu suport Sandy i Ellen Luger.
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