El dia 30 de octubre de 1936 el pueblo de Getafe y la ciudad de Madrid sufrieron un terrible bombardeo efectuado por aparatos Junker. Modelo Ju52, de la aviación alemana durante el intento de tomar dicha ciudad. Las bombas cayeron en pleno centro urbano provocando numerosas bajas civiles, entre las que se contaban muchos niños. Se llevaron los cadáveres al Depósito Judicial de Madrid, donde se les colocó una etiqueta numerada para facilitar su identificación. Allí mismo y al día siguiente se fotografiaron los rostros de cada una de las víctimas infantiles con la intención de que cada uno de ellos fuera considerado la evidencia de un asesinato.
La prensa republicana relató con pocas palabras y con ninguna imagen este bautismo de sangre, seguramente se ocultó la atrocidad a la población civil para no desmoralizarla y mantener el espíritu de victoria. Sin embargo, la prensa extranjera ofreció una amplia cobertura del criminal atentado, ya que fué el primero de esta magnitud que ocurría en Europa, y el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya tuvo un papel destacado en la propagación de las imágenes. Su director, Jaume Miravitlles, lo explicó a la prensa unos meses más tarde:
Agustí Centelles. La Vanguardia, 25 de juliol de 1936
Robert Capa. Avió Heinkel caigut al Passeig de Gràcia de Barcelona, Gener del 1939. © International Center of Photography / Magnum Photos
A mediados de diciembre del 37, un año antes de que Capa realizara las fotos de los restos del Heinkel 111 en Barcelona, dos escuadrillas del K/88 de la Legión Cóndor en la que se agruparon veintitrés de estos aparatos, despegaron del aeródromo de Burgo de Osma, en Soria, para hostigar a las unidades republicanas que operaban al norte de Teruel. El servicio de bombardeo se realizó sin incidentes pero en el viaje de vuelta, uno de los aparatos, el 25-32, se despistó debido a una fuerte tormenta y falto de combustible, aterrizó cerca de Alcocer, un pueblo de Guadalajara controlado por las tropas republicanas. Por lo visto, el mecánico también detectó un problema en uno de los motores. El Heinkel ya no pudo despegar de nuevo. La tripulación abandonó el avión y alcanzó a pie las líneas nacionales pero inexplicablemente, antes no incendiaron el aparato, y éste cayó intacto en manos de los republicanos. Se le taparon las marcas nacionalistas con pintura roja si bien se mantuvo visible el numeral de origen. Se improvisó una pista y emprendió de nuevo el vuelo; en su viaje al aerodrómo republicano de Sabadell, el avión sufrió el fuego antiaéreo tanto de las baterias antiaéreas nacionales como republicanas. Una vez ahí, el avión fue evaluado por una comisión francesa y luego por técnicos españoles que lo volaron en repetidas ocasiones antes de que fuera desmontado y enviado definitivamente, a la Unión Soviética. [1] Un genuino trofeo de guerra que también fue fotografiado con fines propagandísticos.
Llegir mésLa localització a la maleta mexicana dels negatius del reportatge que Robert Capa va captar el 5 de novembre de 1938 al front de l’Ebre ha permès constatar que en aquella jornada el fotògraf podria no haver estat gaire prolífic. Semblaria que només va realitzar disset fotografies i això que va ser un viatge molt llarg: va sortir a primera hora del matí de l’Hotel Majestic de Barcelona on s’allotjava, acompanyat dels corresponsals internacionals Ernest Hemingway, Herbert Matthews i Vincent Sheean i del coronel de les Brigades Internacionals Hans Kahle, que els feia de xofer i de guia. Van emprendre el camí en cotxe seguint el traçat de l’actual N-340. La seva intenció era entrevistar el tinent coronel Enrique Líster perquè els confirmés el rumors de que estava apunt d’ordenar la retirada de l’exèrcit republicà a la riba esquerra de l’Ebre.
En arribar a Vilafranca del Penedès es va reunir amb el corresponsal britànic del The Daily Telegraph, Henry Buckley, el qual s’havia casat durant la guerra amb la filla d’un exalcalde de Sitges i havia passat la nit a casa dels seus sogres. Hi van esmorzar i van emprendre de nou la ruta cap a l’E
La Libertad guiando al pueblo. Eugène Delacroix
Los alemanes Hans Namuth y Georg Reisner fueron de los pocos fotógrafos extranjeros que se encontraban en Barcelona el día de la insurrección militar. Llegaron desde la isla de Mallorca, donde estaban exiliados, con el encargo de la revista Vu de cubrir la Olimpiada Popular, evento deportivo organizado en respuesta al convocado por el régimen nazi, que había de inaugurarse en la ciudad condal el mismo 19 de julio de 1936. Sus cámaras no registraron ninguna competición deportiva pero sí las primeras movilizaciones ciudadanas ante el golpe militar.
Por entonces el artista alemán John Heartfield (Berlín, 1891- 1968) continuaba desde su exilio de Praga una incesante labor de creación de fotomontajes políticos contra las injusticias sociales y de alerta sobre los peligros del creciente ascenso del nacionalsocialismo alemán, que publicaría asiduamente la revista pro comunista alemana AIZ, Arbeiter-Illustrierte-Zeitung. El primer número de la revista rebautizada como VI, Die Volks-Illustrie, correspondiente al 19 de agosto de 1936, recoge su primer fotomontaje sobre la guerra civil española. Una alegoría de la libertad, narrada con una pintura del s.XIX y una fotografía contemporánea. Ambas imágenes están estrechamente relacionadas con la lucha de un pueblo por sus libertades aunque las separen 106 años.
Aquesta exposició i el seu catàleg han estat possibles gràcies al suport del National Endowment for the Arts, Joseph and Joan Cullman Foundation for the Arts, Frank i Mary Ann Arisman i Christian Keesee. A més, li han donat el seu suport Sandy i Ellen Luger.
Col·laboren: